divendres, 28 de març de 2008

"El odio indígena" per Francesc Pujols

L'any 1933, en concret el 4 d'octubre, el prolífic pensador català Francesc Pujols va publicar un artícle al diari "Las Notícias" sota el títol El odio inígena. El vaig llegir ahir, i la seva vigència em va esgarrifar. Està clar que les coses canvien continuament només perquè tot continuï igual.
Aqui el teniu:


"Prescindiendo por un momento de las simpatías o antipatías, odios o amores que pueda despertar en el resto de España el triumfo del catalanismo, nos dedicaremos ahora a considerar las antipatías y los odios que provoca en el seno de Cataluña y en el corazón de los mismos catalanes.
Aunque la representación típica del odio indígena a los ideales nacionalistas de la tierra catalana residía en las izquierdas, también las derechas tenían sus representantes en estas regiones del odio, que por cierto en ciertas ocasiones y épocas no dejaban de ser numerosos y tan violentos como pudieran ser los de izquierdas.
Extendido el catalanismo desde el ala derecha al ala izquierda, cuyo vuelo ha conseguido eltriumfo de nuestros ideales, los hijos de nuestra tierra, sean del color que sean, derecha o izquierda, no todos se han convertido y no todos, aunque ya sean excepciones, están conformes con nuestro señalado triumfo. En la derecha y en la izquierda quedan todavía algunos restos del anticatalanismo o mejor dicho del españolismo centralista, que, por paradójico que parezca, se lamman anticatalanistas por catalanismo, y pretenden ser en bueno lógica más catalanistas que nosostros, porqu´dicen que el centralsimo españolista conviene más a Cataluña que el catalanismo descentralizador y que, por ejemplo, el uso de la lengua castellana, hablada por ochenta millones de bocas, es més práctico que la restauración triunfante de la lengua actalana hablada por los pocos millones comprendidos en las tierras de Rosellón, Valencia, Mallorca y Cataluña, que entre todos no llegan ni a diez.
Estos hijos tan celosos de la prosperidad de nuestra tierra son los que mantienen en el corazón mismo de Cataluña el fermento del odio al catalanismo, considerándolo un error de Cataluña y son el rescoldo de las cenizas del centralismo hispánico, incendiado por Francisco Maciá y los suyos.
Los que son de la izquierda sufren y se conduelen de nuestro triumfo, profetizándonos toda suerte de calamidades y miserias y hasta anunciando que se levantará en Cataluña y fuera de Cataluña el huracán de la reacción furiosa contra el catalanismo, que lo barrerá todo, cosa que, por cierto, nosotros, aunque no de una manera tan absoluta como ellos anuncian, no les negamos que sea posible, porque en este mundo todo lo que vive y anda camina por la tierra avanzando y retrocediendo, para volver a avanzar, hasta que muera. Pero estos hijos plañideros de la tierra que nos ha hecho hermanos a todos tienen el consuelo de ver que los ideales de izquierda han triumfado al calor de catalanismo, porque Cataluña se ha unido com lalibertad bajo el manto de la República española, que ellos desaban ver desde los remotos tiempos del republicanismo anticatalanista, cuando la República trabajaba contra la Cataluña autonomista, como contra su peor enemigo.
No así los catalanes de derecha que no han estado nunca conformes con el catalanismo y que en esta negación de nuestros ideales coincidían plenamente con la izquierda catalana de aquella época. En estos infortunados hijos de la tierra que nos vio nacer, la desesperación no tiene compensación ni consuel. Enemigos del catalanismo y del liberalismo, su desconsuelo no tiene límites y su odio inveretebrado al catalanismo ha cercido en progresión geométrica, tomando proporciones que serían alarmantes si el número de anticatalanistas no hubiese quedado ya tan reducido como una muestra del pasado.
Para ellos el catalanismo, maldito en sí mismo, solo le faltaba la maldición de unirse al liberalismo, también maldito en si mismo. Si antes, cuanod era de derecha, no lo podía ver ni en pintura, ahora que se nos ha hechos de izquierda le parace un monstruo engendrado por la equivocación de todo un pueblo y no piensan más que en estrangularlo con la reacción huracanada soñada ya, como hemos dicho, por las izquierdas que no quieren ingresar en nuestras filas.
Llevados por el odio al catalanismo y al liberalismo, cukpan al primero de los estragos producidos por el segundo, involucrando el segundo con el primero,pues la pasión ya no les permite distinguir entre el uno y el otroy allí donde ven una manifestación de catalanidad, ardiente realización de un deseo anhelado desde años por el catalanista más tradicionalista y conservador, oyen el stallido de una bomba anarquista, de las que los catalanes nos habíamos recetados a nostros mismos, como fabricación especial de la casa y producto legítimo y acreditado del país.
Arrastrados por el odio y el dolor llegan a maldecir a los pobres catalanistas de la derecha que tan caro estan pagando el triumfo de sus ideales y les echan en cara el sacrificio que han hecho tanto de sus tradiciones y creencias políticas, como de sus riquezas, manipuladas por el pueblo, hasta el estremo de que puede costarles la torta de pan, sin que les quede ni el triste consuelo de poder renegar elos amores de toda su vida.
Para el catalán anticatalanista de derecha sólo hubiese podido haber el consuelo de que el catalanismo nubiese triumfa por las derechas. Entonces se encontraría en el caso del anticatalanista de izquierdas. Cataluña estaría hundida, pero alo menos hubieran triumfado sus ideales."